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Mi lucha contra la Usura es un proyecto informativo independiente que no cobra por servicio alguno y que fue creado para orientar a los deudores de la banca en México sobre cómo sobrellevar su problemática. Las notas aquí publicadas son responsabilidad total de su autora y no se pretende influir en las decisiones personales de nadie.

La Reforma Financiera

La Reforma Financiera
Cartón de Patricio Monero

viernes, 17 de octubre de 2014

Que nunca llegue el ébola a México

No quiero imaginar cómo la pasaríamos si el ébola llega a México. Nuestro sistema de salud es tan precario y sumido en la burocracia, que lo más seguro es que si llega, no quede un solo sobreviviente.
Hace un mes aproximadamente mi madre se encuentra muy delicada de salud. A su edad y con todas las complicaciones médicas que tiene (diabetes, hipertensión, problemas cardiacos, entre otros) podríamos suponer que sería atendida de inmediato y con todas las precauciones que el caso amerita. Pero no es así.
La primera vez que ingresó a un hospital llevaba un infarto y aun así se tardaron para atenderla un buen rato.
Cuando finalmente la ingresaron consideraron que “no era demasiado grave”, que con un par de días en observación “estaría bien”. Por supuesto nada fue sencillo, su presión arterial no se estabiliza y con todo eso, en dos días (como predijeron) la dieron “de alta”. Eso sí: dijeron que estaba delicada y que debía hacer sus trámites para ser ingresada al Centro Médico La Raza, pero que debía hacerlo ella, desde afuera (como si pudiera caminar).
No tardó muchos días fuera del hospital cuando tuvo que ser ingresada de nuevo por diarrea y deshidratación. Cuando eso sucedió yo hablé con uno de los médicos y le dije que lo mejor sería que la detuvieran unos días, y que ya estando ingresada se hicieran todos los trámites para que se hospitalizara en La Raza y se le diera la atención que necesita. No fue así, permaneció sólo dos días y la volvieron a sacar.
Si les cuento toda esta historia es porque no quiero pensar que alguien, cualquier persona, ciudadano de a pie, se presentara ante una clínica del IMSS o a cualquier hospital público, presentando fiebre, deshidratación y ronchitas, porque seguro le dan un paracetamol y una crema para la piel y lo mandan de regreso a su casa, qué digo a su casa, derechito a su trabajo (hay que ser productivos) y el regadero del contagio estaría de miedo.
Seguro si en un momento dado sucediera algo así, cuando nos pusieran en cuarentena es porque hasta el perico ya se contagió.
Los médicos que atienden a los pacientes en el área de urgencias de estos hospitales, salvo que llegues con un puñal atravesado en el corazón (y eso quién sabe) te atienden con premura, de lo contrario te dejan las horas esperando en la sala y si contagias de ébola o de varicela al vecino ni modo.
Por mucho que digan las autoridades sanitarias que tienen todo listo para enfrentar una epidemia de ese tipo, yo tengo mis reservas. No creo que sea suficiente que se cuenten con planchas de esas que encapsulan a la gente y la mantienen aislada, ni creo que baste con una sala “especializada” en un hospital (¡un hospital, para los millones de mexicanos que somos!) para atender la contingencia. Nuestro sistema de salud pública tiene muchos bemoles. Si con enfermedades simples (o no tan simples, como la de mi madre) caer en una sala de urgencias de un nosocomio es una odisea, no sé qué pasaría con algo más grave.
Esperemos, pues, que nunca llegue. ¿No creen?

martes, 7 de octubre de 2014

Freno a los despachos de cobranza: entran en vigor nuevas disposiciones para regularlos

Este miércoles 8 de octubre entrarán en vigor las nuevas disposiciones para regular a los despachos de cobranza. Estas disposiciones se publicaron en el Diario Oficial de la Federación y según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef)) servirán para regular tanto las malas prácticas en las que incurren las empresas de cobranza, como para regular a las mismas instituciones financieras.
Estas últimas tendrán como obligación verificar que los despachos que contraten para recuperar los adeudos se apeguen a la ley y no se cometan más abusos contra los usuarios.
En los meses de enero a agosto de este año, la Condusef atendió 15, 743 quejas por cobranza indebida, de las cuales un 67 por ciento corresponden a personas que no son deudores.
Las multas a las que se  harán acreedoras las instituciones financieras que permitan la cobranza indebida oscilan entre los 200 a 2000 salarios mínimos. Estas instituciones, por tanto, deberán poner en orden a las empresas de cobranza que contraten, y tienen para ello un plazo de 90 días a partir de mañana.
¿Qué se le prohíbe a los despachos de cobranza y qué deben contener sus cartas?
1.   Queda prohibido enviar documentos que simulen ser escritos judiciales, es decir, no podrán decir que pertenecen a alguna dependencia oficial, juzgado o a la SCJN, como algunas cartas que así lo escriben.
2.   El horario para cobrar vía telefónica será entre las 7:00 y las 22:00 hrs. Quedan prohibidas, por tanto, las llamadas en la madrugada.
3.   El despacho debe especificar el nombre, domicilio, correo electrónico y número telefónico de la institución financiera que representa, así como el lugar donde se recibirán las quejas por mala cobranza.  Esto es muy importante porque cuando alguien reciba una llamada de un despacho el cobrador deberá especificar a qué banco representa, y no asumir la deuda como propia.
4.   No se podrá cobrar a niños o adultos mayores .
5.  No podrán exhibir a los deudores por medio de carteles, cartulinas, ni dejar las cartas de cobranza a la vista de todas las personas.
6.   Ningún despacho podrá recibir pago de los deudores y debe aclarar al interesado que todos los depósitos serán directamente con el banco al que se le debe.
7.   De llegarse a concretar alguna negociación ésta deberá ser por escrito y en el convenio se deben especificar las condiciones de la misma.
8.   No se pueden hacer gestiones de cobro a familiares, amigos, vecinos, ni cualquier persona que no sea el deudor.
9.   No se debe intimidar, ofender o amenazar a la persona que tiene el adeudo.
10.                  El despacho de cobranza debe identificarse plenamente a través de la persona que llame. Esta deberá dar su nombre real y apellidos y decir el nombre, dirección y teléfono de la empresa para la que trabaja.
Todos estos puntos ya estaban incluidos en el antiguo Código de Ética de los despachos de cobranza, que se firmó hace años ante la Condusef y nunca se respeto. Sin embargo, ahora con la reforma financiera y las nuevas facultades que tiene la dependencia a cargo de Mario Di Costanzo, cada uno de estos puntos se debe acatar, ya que serán las instituciones financieras las responsables de que la cobranza se haga de manera adecuada. De esta forma, si algún despacho se pasa de la raya o no acata las indicaciones, serán los bancos quienes asuman la responsabilidad.
Cabe señalar, por último, que los bancos están obligados a tener a la vista de sus clientes, tanto en sus sucursales como en sus páginas electrónicas, la información actualizada de los despachos que han contratado para sus gestiones de cobranza. Dicha información se debe actualizar cada tres meses y en caso de anomalías, el banco es quien tiene la responsabilidad  frente a sus clientes.
Cualquier duda que tengan deben dirigirse a la Condusef, ya sea en forma presencial o por medio de su portal www.condusef.gob.mx
Los invito a leerme también en www.sdpnoticias.com

lunes, 6 de octubre de 2014

La tormenta

De nuevo ausente de este espacio por motivos inesperados y bastante dolorosos: la salud de mi madre se ha quebrado de forma alarmante.

Entre el trabajo y el tener que deambular por hospitales pareciera que Mi lucha contra la usura se detiene, pero no es así; sólo son causas de fuerza mayor.

En estos andares por desgracia conoces aspectos del IMSS que muchas veces sólo habías escuchado pero que no te había tocado vivir. La burocracia espanta, duele, enoja.

No es posible que mi madre, siendo una señora de más de 70 años, tenga que estar en salas de espera interminables, dar vueltas para conseguir un estudio, unos análisis que agendan para varios meses después aun sabiendo que se encuentra grave. Es ahí cuando entiendes por qué aquella mujer parió en el patio, o aquella otra en el baño de un hospital o por qué el anciano murió en la puerta del nosocomio porque nadie lo atendió,

Y no hay dinero que alcance. Decides, por lo delicado de la situación, acudir a un hospital privado y se quedan empeñados casi los hijos de mi hija. Súmenle los medicamentos que no existen en el IMSS y que hay que comprarlos en otro lado.

Pero cuando se trata de atender la salud de tu madre no piensas en nada, sólo en verla curada.

En eso han transcurrido estas semanas, Mis letras, hoy, no hablan de bancos, de cobradores, de usura. Hablan de preocupación, de cansancio. Qué país nos tocó vivir, en donde no sólo las calles huelen a sangre y a impotencia. Si este país no es capaz de darle bienestar a sus adultos mayores, que como mi madre luchan día a día por mantenerse con vida, ¿ qué nos podemos esperar?

Esta es ahora la tormenta por la que atravesamos en la familia. Pero unidos y con fe, esperaremos que regrese la salud de mi querida mamá.

jueves, 2 de octubre de 2014

Osorio y jóvenes del IPN dialogan

Que si era su obligación, que si no tenía por qué, que si se convirtió en un héroe o si fue pantomima, de todo se ha escuchado, lo cierto es que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tuvo la suficiente estatura para salir de su oficina y subirse a un templete para iniciar un diálogo con 60 mil almas que pretendían se diera lectura a su pliego petitorio.
Se trataba de los estudiantes del IPN, quienes marcharon sobre Reforma para llegar a Bucareli y exigir ser escuchados.
La idea me agrada, la de ambos, la de pedir y la de escuchar. Así se deben hacer las cosas, en forma pacífica iniciar un diálogo.
El hecho ya se catalogo como inédito, pero lo cierto es que en nuestro país el horno no está para bollos.
Sabemos que en días pasados en Iguala, Guerrero, en un hecho que parece sacado de una película de terror, conmovió al estado y al país completo: un alcalde baila mientras 57 personas son secuestradas. Del mismo modo, en el mismo estado, asesinan al secretario general del PAN y su escolta.
El presidente Peña manda a decir al gobernador Aguirre que ponga orden, pero prefiere cancelar su gira por la entidad por el mal tiempo (dicen que llueven balas).
Ante estos hechos, y otros más que azotan la vida nacional, sin dejar de mencionar la conmemoración de la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre, el segundo de a bordo del país dialoga en camisa con una multitud que dijo, al unísono, que no darán marcha atrás hasta ver cumplido en su totalidad su pliego petitorio.
No sabemos hasta ahora en qué terminará todo. Solo hemos visto disposición al diálogo y una marcha totalmente pacífica que nos conmovió.
Algunos dicen, en forma optimista, que en el actual gobierno el diálogo dominará y será la vía para arreglar los conflictos. Quién sabe. A mí, como ya dije, me agrada la idea de ver a dos grupos, al parecer antagónicos dialogar. Así, pues, esperemos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Así viví los sismos de 1985

"Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no
nos mata a nosotros sino a los que amamos".
Carlos Fuentes


Era yo casi una niña, me preparaba para ir a la escuela cuando mi madre gritó: “Está temblando”.

Nunca había sentido un temblor. Tenía escasos dos meses de haberme mudado al Distrito Federal y en Veracruz, al menos en esa época, no eran muy comunes los movimientos telúricos.

Con el grito de mi mamá sólo atiné a voltear a todos lados. En un parpadeo vi cómo el refrigerador literalmente “bailaba” y realmente me asusté.

Mi hermano se alistaba también para irse a la escuela y gritó: “¿Qué está pasando?”.

Mi abuela, en su recámara, comenzó a rezar. El departamento no era muy grande pero me pareció inmenso. Mi mamá nos dijo que nos fuéramos hacia el pasillo que conectaba la sala con las recámaras. No se pudo. El movimiento cada vez era mayor y nos aventaba con fuerza.

Todas las personas del edificio gritaban, las paredes crujían. Mi llanto seguro se escuchó muy lejos; a la fecha, no he sentido una desesperación igual.

Cuando el movimiento cesó corrí a la ventana para ver qué había pasado. Los edificios estaban desalojados, en el hospital de enfrente sacaban a las personas en camilla. Todo era un caos.

Sonó inexplicablemente el teléfono; mi padre, con desesperación, le dijo a mi mamá que nos sacara de ahí.

El, como médico, se encontraba en una clínica del IMSS en el área de urgencias y suponía lo que le esperaba.

Mi madre recogió su bolso, le pidió a mi abuela se pusiera algo encima y nos salimos de prisa.

Nos dirigimos a una tamalería que se encuentra aún en el edificio Presidente Juárez. Parecía que todos los vecinos nos dimos cita ahí. Sólo veíamos caras largas, ojos llorosos, un ambiente de profundo terror y tristeza.

No había luz, no había agua, tampoco había gas. El dueño del lugar nos dijo a todos que serviría los tamales que tenía hechos y que no podía hacer nada más.

Fueron pocos minutos los que estuvimos sentados cuando llegó una mujer gritando: “Se cayó el Nuevo León. Necesitamos ayuda, vamos por favor”.

Recuerdo a mi madre llorando, a mi abuela desesperada. Por mis mejillas también corrían las lágrimas y sólo le preguntaba a mi mamá qué íbamos a hacer.

Fue un día largo, gris, lleno de terror. Todo el tiempo veíamos correr gente gritando, algunos iban heridos. Cuando pasamos frente al edificio Nuevo León creí que mi cordura se acababa. Yo, que nunca había visto un muerto ni un herido, los pude ver por cientos.

Vi también a personas que llegaban para ayudar a rescatar a las víctimas que estaban bajo los escombros.

En esos momentos, cuando sabes que de ti depende que alguien más viva, se te olvida todo, no sólo piensas en ti, quieres ayudar, arriesgarte. Eran momentos de angustia pero de mucha unión, de una solidaridad impresionante. Paseabas por los pasillos de Tlatelolco y no faltaba quién te preguntara si estabas bien, si algo necesitabas.

Sin comunicaciones ni la tecnología que ahora tenemos a mi madre solo se le ocurrió que regresáramos al departamento a esperar que en algún momento regresara mi padre del trabajo.

Fueron horas interminables. Cuando a momentos regresaba la luz podíamos ver la destrucción de la ciudad. Mi hermano le pedía a mi madre que nos fuéramos de ahí, que quizá nuestro edificio no resistiría y nos íbamos a morir.

Fue de madrugada cuando mi padre regresó agotado, tristísimo, abatido. Nos dijo que tendríamos que empacar por si volvía a temblar, que teníamos que pedir ayuda. Pero conocíamos a muy poca gente, la mayoría de la familia vive en provincia y no sabíamos a dónde ir. Sólo una prima de mi madre vivía cerca de la Villa, pero no teníamos forma de comunicarnos con ella.

Así transcurrió ese 19 de septiembre de 1985. Nos quedamos arropados, todos juntos, en la sala hasta ver el amanecer.

Pero llegó el día siguiente y por la noche otro sismo muy fuerte nos sorprendió. Al primer movimiento recuerdo que salí corriendo del departamento. Fui la primera de mi familia en dejar el edificio. Cuando me di cuenta que junto a mí no estaba ninguno de mis seres queridos quise volver a entrar y un policía me cargó, impidiéndome el paso. “Se está cayendo el edificio niña, ven acá”. Esas palabras hoy, a 29 años de distancia, me siguen retumbando en la cabeza. Vi bajar a mi padre corriendo y a mi hermano desde la ventana aventando una cobija que envolvía un poco de ropa.

Es lo último que recuerdo. No supe cuándo perdí el conocimiento ni qué pasó después.

Cuando desperté estaba en el suelo y un hombre, junto a mi papá, me decía cosas que nunca recordé.

Nos fuimos de ahí, alguien que no conocíamos se nos acercó y nos ofreció llevarnos a un sitio más seguro para pasar la noche. Este señor, de quien no supe ni siquiera su nombre, es uno de esos héroes anónimos que llegó a ese lugar solo para ayudar y a quien le debemos no haber pasado la noche en la calle.

Durante el trayecto mi madre sólo decía que me atendieran, que yo estaba mal, pero mi papá la tranquilizaba diciendo que sólo había sido la impresión y que, dada la emergencia, no me iban a revisar en ningún lado.

De lo que pasó en días posteriores tengo vagos recuerdos, todos muy tristes, impregnados de ese terrible olor a muerte.

Sí, yo sé cómo huele la muerte. Sé lo que duele la tristeza y el dolor ajeno que se hace propio ante la magnitud de una tragedia.

Los días transcurrieron y supimos que murieron conocidos, vecinos, familiares de conocidos.

La ciudad no se recuperó pronto, aún estoy segura que muchos llevan en su pecho el dolor de esos días.

¿Cuántos muertos fueron? Muchos, muchos más de lo que nos dijeron.

Pese a que nadie de mi familia falleció sentí durante años un inexplicable sentimiento de orfandad. Sé lo que es quedarte no sólo sin nada, sino con un profundo vacío que nunca se podrá llenar.

Hoy recordamos a esos muertos, a esos heridos, que se quedaron en la calle, que perdieron a su familia, que viven sólo porque en esta vida “hay que vivir”.

Recordamos a una ciudad en ruinas y esperamos, siempre esperamos, que nunca se repita una tragedia igual.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El ultraje a la infancia





Nada dio más de qué hablar en estos días que el cacheo realizado a bebés y niños que asistieron al Zócalo capitalino con sus padres a presenciar la ceremonia del grito.

Las fotos de los infantes revisados hasta en los pañales no tardaron en volverse virales. Con rostros sorprendidos los niños veían cómo eran tocados por extraños, violando su espacio vital, su intimidad, todo porque debía “protegerse a los asistentes” a la verbena popular.

La nota no la dieron los acarreados como cada año, ni siquiera se reparó en lo desangelado del evento y la sonrisa forzada del presidente Peña, casi pasó desapercibido el atuendo de la primera dama, que sólo fue objeto de alguno que otro comentario; fue el ultraje a los pequeños lo que más dio de qué hablar.

No se sabe con precisión de quién fue la brillante ocurrencia. Suponemos que el principal responsable fue Monte Alejandro Rubio, comisionado Nacional de Seguridad, ya que él es el encargado de estos menesteres y fue quien dijo que todo había sido “por motivos de seguridad”. Tampoco sabemos si alguien de la presidencia se pronunciará en algún momento sobre este penoso incidente aunque lo prudente es que lo hagan.

El equipo de asesores del presidente Peña parece en ocasiones estar no muy al pendiente de estos detalles que dejan muy mal parado al Jefe del Ejecutivo.

No se siente, en ocasiones, lo duro sino lo tupido. Hace apenas unos días se desató tremendo escándalo cuando los “distinguidos” invitados al informe presidencial usaron la plancha del Zócalo capitalino como estacionamiento. Y ahora este penoso incidente que empañó los festejos al hacer que todos voltearan la vista hacia lo que ocurría con esos pequeños.

Hay cosas que se deben corregir. El equipo de presidencia debe salvaguardar, sí, la asistencia de las personas a eventos masivos pero no a costa de sobajar a criaturas indefensas que fueron llevados por sus padres a una fiesta popular.



Nuestros niños deben ser cuidados y protegidos, nunca maltratados. Ojalá en eventos posteriores se evite que esto vuelva a ocurrir o de lo contrario cualquier acto público al que acuda el presidente dejará a muchos un muy mal sabor de boca.

Los invito a leerme también en sdpnoticias.com

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