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Mi lucha contra la Usura es un proyecto informativo independiente que no cobra por servicio alguno y que fue creado para orientar a los deudores de la banca en México sobre cómo sobrellevar su problemática. Las notas aquí publicadas son responsabilidad total de su autora y no se pretende influir en las decisiones personales de nadie.

La Reforma Financiera

La Reforma Financiera
Cartón de Patricio Monero

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El regaño de la Gaviota y la renuncia de Peña Nieto

Hace ya algunos días que Angélica Rivera de Peña, esposa del presidente, apareció en un video subido a su página web para dar explicaciones sobre la casa que adquirió en Las Lomas y que causó tremenda indignación entre un buen número de la población.
Pero no sólo dio explicaciones. El tono usado en el video, así como su mirada, nos mostraban que la mujer tenía un verdadero coraje que no pudo, ni siquiera se esforzó, en disimular.
Con el pretexto de que se había ofendido a su familia y queriendo justificar que la llamada Casa Blanca había sido producto de su trabajo como actriz en la empresa Televisa, Angélica Rivera nos dio tremendo regaño. Dijo una y otra vez que era una mujer honesta, que no tenía nada de qué avergonzarse, que todo era producto de su trabajo y algunas cositas más.
La verdad es que lo que haya dicho a muchos nos daba exactamente lo mismo. Primero porque simplemente no le creímos y segundo, y esto es lo más importante, porque un buen número de la población se encuentra inmersa en el coraje por los terribles sucesos de Ayotzinapa (¿a quién se le ocurre regañar a una sociedad tan dolida, en un momento tan trágico?) y con la mira puesta en un objetivo: exigir la renuncia de su esposo, Enrique Peña Nieto.
En muchos sitios, pero sobre todo en redes sociales, se ha venido insistiendo en que el presidente debe renunciar debido a la incompetencia demostrada en la solución de los problemas, sobre todo este de los normalistas desaparecidos.
La renuncia de Peña se ha venido pidiendo, en un hecho sin precedentes, desde antes que incluso asumiera el poder. No olvidemos los movimientos estudiantiles como #Yosoy132 que abarrotaron las calles de diferentes ciudades del país. El descontento ha ido creciendo a la par de los conflictos. La petición de la renuncia del ejecutivo es un clamor casi generalizado y en fechas recientes se ha acentuado y no es para menos. Especialistas aseguran que la inconformidad de varios sectores de la sociedad puede desencadenar en un estallido social.
Así las cosas, ni el regaño de su esposa, ni las absurdas justificaciones respecto a su patrimonio han podido calmar los ánimos y una fecha clave se acerca: el 1 de diciembre.
El ultimátum que se le ha puesto al presidente para dejar su cargo el 1 de diciembre ha movilizado a muchas personas alrededor del país. Y la cuenta regresiva ha comenzado.
Esperemos ver cómo se desenvuelven las cosas y si habrá, como se ha dicho, mano dura a “desestabilizadores” o si simplemente, como siempre ha sido, las personas harán oídos sordos a la amenazada velada de represión y saldrán muchas veces más a las calles a protestar…. aunque nos vuelva a regañar la señora o quien sea.

jueves, 13 de noviembre de 2014

¿Un Buen Fin desangelado?



En medio de los terribles sucesos de Ayotzinapa y el escándalo de la casita blanca de la primera dama, en unas horas tendremos la emisión 2014 del Buen Fin.

Sin tanta publicidad como en años pasados, sin el ruido acostumbrado y sin la euforia que caracterizó a las pasadas emisiones, me atrevo a asegurar que este año las ventas no alcanzarán el boom de otros tiempos.

Veamos.

Muchos sabemos que la economía no repunta. Específicamente me refiero a la economía familiar, misma que cada vez se ve más deteriorada por el alza en los precios de la canasta básica.

En este panorama, las personas están consumiendo lo absolutamente necesario para subsistir. No es raro que observemos entre nuestras familias y amigos que ya no se tienen tan a menudo “ataques de compritis” porque simplemente el dinero está escaso.

A lo anterior hay que sumarle que la cartera vencida de los bancos, específicamente Banorte, Banamex, Santander y HSBC se ha disparado. Con estos datos podríamos pensar que el nivel de endeudamiento de las familias mexicanas ha alcanzado de nuevo el tope y que no hay mucha tela de dónde cortar.

En emisiones anteriores el Buen Fin despertó la euforia. Muchos esperaron el momento para poder comprar una pantalla, un refrigerador y cuanta cosa se les atravesó en el camino. En el caso de los electrodomésticos y electrónicos, al ser productos que no duran poco tiempo, si ya los adquirieron difícilmente comprarán otro. Quizá habrá quien elija comprar una nueva computadora o un teléfono celular, esto porque son artículos que se vuelven obsoletos prácticamente de un año a otro. Pero si no hay lana o si de plano ya “reventaron” las tarjetas, pues tampoco los comprarán.

Este último punto es importante: aquellas personas que sucumbieron a los dichosos meses sin intereses lo más seguro es que sigan pagando lo que compraron en años anteriores. Si lo hicieron a doce meses están saliendo de la deuda (siempre y cuando no hayan usado la tarjeta para nada), pero si compraron a 24 o 48 meses, aún siguen con ese dolor de cabeza.

¿Qué comprarán más en este Buen Fin? Si una familia ya salió corriendo en años anteriores a comprarse la estufa, el refri, la sala o la pantalla, como dije, no creo que compren otra (al menos que sean compulsivos, y los hay, por supuesto). Me inclino a pensar que lo que más consumirán será ropa, calzado, despensa (una tontería comprarla con tarjeta de crédito) u otros productos.

Pero quizá, sólo quizá, la gente ya entendió. Algunos estarán convencidos que las mentadas ofertas no son tales, que primero inflan los precios para luego hacer “una rebajita”, que muchas veces resulta ridícula (vimos en emisiones anteriores que en algunos almacenes su mega descuento era de un peso o algo por el estilo) y que no vale la pena el desvelo o meterse a las bolas.

Hay otro sector de la población, sobre todo los usuarios de las redes sociales, que promueven no comprar nada en estos días. Sus argumentos son que hay que evitar el consumismo, que hay que paralizar las tiendas, que no se deben enajenar y sobre todo, que hay que tener presente la tragedia de los normalistas, que México no está para el despilfarro y que se debe tener la conciencia que se vive una emergencia nacional.

Todas las posturas son respetables. Particularmente yo recomiendo lo de siempre: no endeudarse. Si alguien aún tiene una pizca de crédito disponible, mejor que ni le muevan. No sabemos, nunca lo sabemos, qué día amanecemos sin empleo o tenemos alguna emergencia y nos damos cuenta que estamos con una mano adelante y otra atrás y sin línea de crédito que podamos usar para solventarla.



“Ponte lo que debas, aunque debas lo que te pongas” no debe ser la consigna. El consumo responsable es el pilar de unas finanzas sanas, así que, una vez más, recomiendo prudencia.

martes, 11 de noviembre de 2014

De la barbarie y el horror a la casa blanca



El pasado viernes el procurador Murillo Karam nos dio la noticia: los 43 normalistas de la escuela normal de Ayotzinapa habían sido ejecutados, calcinados y arrojados a un río.

La brutalidad con que los responsables de la masacre narraban los hechos nos dejó con un sentimiento de coraje e impotencia que será imposible olvidar.

Hechos como este no forman parte de nuestra vida cotidiana. Pareciera ser que en un mundo de locos, donde el individualismo y la indolencia sobresalen, una noticia de esta magnitud nos caló en lo más hondo.

La masacre movilizó a las personas que se solidarizan con las familias de los estudiantes. Las calles de la Ciudad de México, de algunas partes de la república e incluso en el extranjero se han llenado de quienes exigen justicia.

Pero al calor de estos acontecimientos, del domingo a la fecha una noticia parece desplazar a otra.

Angélica Rivera, actriz salida de las filas de Televisa y actual esposa del presidente Enrique Peña Nieto, posee una casa en las Lomas de Chapultepec valuada en más de 80 millones de pesos.

Una casa de película, que no cualquier ciudadano de a pie en este país sumido en una terrible crisis, puede poseer.

El escándalo hizo ruido de inmediato en redes sociales. La mayoría de los internautas lamentan que en un país sumido en la más profunda de la desigualdad, la primera dama posea una mansión de esas características.

Tanto les movió el tapete, que el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, tuvo que salir a explicar los pormenores de la casa: que fue comprada a crédito, que pertenece sólo a la señora Rivera, etc. El punto es que la noticia causó indignación, pero sobre todo, cautivó la atención de las personas y dejó por momentos en el olvido la terrible noticia de la masacre en Guerrero.

¿Cómo es posible esto? Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, de ahí que los programas y revistas de chismes y espectáculos tengan tanto éxito. El morbo es el tenor. Y por desgracia muchas veces ese morbo sirve también para desunir a las personas, crear conflictos, enfrentamientos.

Pese a todo lo que se pueda decir, la noticia de la masacre de los estudiantes de normal no debe perder la atención de la sociedad. Si bien es cierto que la casa blanca de Las Lomas es un insulto para la mayoría de la población que trabajamos de sol a sol y en la vida podremos comprar una casa así (algunos ni para casa de Infonavit nos alcanza), no es algo que podamos remediar y me atrevo a decir algo que nos deba importar lo suficiente para desviar la atención de las investigaciones en torno al caso Iguala.



Que no nos mueva el morbo y nos gane la pasión. En un estado de emergencia en el que vivimos, distraernos en algo irremediable no conduce a nada. Ojalá, por el bien de todos, las energías se concentren en lo verdaderamente importante, de otro modo, nos seguimos dividiendo, perdiendo como sociedad y sumiendo cada vez más en el caos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Violencia en el seno familiar. Una historia de terror





Bien dicen por ahí que a veces sabemos con quién nos casamos, pero que nunca sabemos de quién nos divorciamos.

Esto me pasa ahora a mí.

Lo que consideré era la familia perfecta y la vida perfecta resultó una verdadera historia de terror.

Debo decir, antes de continuar con mi relato, que no me da pena que ustedes, las personas que amablemente me leen, se enteren de esta desagradable situación. No me da pena porque yo no lo provoqué y porque estoy cien por ciento convencida que nadie debe vivir con violencia y mucho menos callarse por pena, temor e incluso necesidad.

Estoy convencida también que la violencia no respeta clases sociales, ni crianzas ni formas de vida. Nunca será privativa de las más desprotegidas. La violencia se da en cualquier lugar y no lo sabemos muchas veces precisamente porque no es denunciada.

Después de tener una familia feliz comencé a recibir gritos, insultos, maltratos verbales de quien fuera mi esposo y padre de mi hija y con quien tiene ya mucho tiempo no tengo ningún tipo de relación y que tiene a la niña prácticamente en el abandono. Incluso viví violencia económica, pues su amenaza permanente era negar el sustento de mi hija. En ese sentido escuché decir muchas veces ”jódete sola”, “no verás un peso” y cosas por el estilo, como si estuviera yo impedida de ganarme el sustento por mí misma. Por fortuna, dicen por ahí, dios no cumple antojos ni endereza jorobados y soy una mujer plenamente autosuficiente, mantengo a mi hija y me mantengo a mí misma trabajando de sol a sol y  además amo mi trabajo.

El señor no fue siempre, mentiría si así lo dijera. En un principio fue un buen padre y a mí me trató siempre con respeto. Pero este fin de semana sucedió algo que simplemente es imposible tolerar.

El sábado, por la tarde, el señor, editor en un medio digital y que siempre dice que las leyes le valen, me llamó para pedirme permiso y llevarla al cine.

Yo me quedé inquieta porque no sé dónde vive, en qué carro se mueve y varios etcéteras, por lo que a su regreso le pedí me indicara en qué se la llevó. Fue la niña la que me mostró el carro ya que él se negó e incluso se echó a correr en sentido opuesto para despistarme. Al anotar las placas sentí un aventón muy fuerte y un jaloneo en el brazo izquierdo. Casi no pude reaccionar por la rapidez en que todo ocurrió, pero cuando me di cuenta prácticamente lo tenía encima de mí gritando cualquier cantidad de palabrejas.

Fue el momento más desagradable que he vivido. Si los insultos y la violencia verbal te afectan, la violencia física llega a ser indecible.

La niña gritaba desesperada (a ella también la había aventado) y cuando me di cuenta salió huyendo.

El resultado fue un brazo lastimado, lo mismo que la espalda. Hice del conocimiento de mis seguidores en redes sociales lo que había ocurrido y procedí a levantar la denuncia en su contra.

Debo decirles, con sinceridad, que yo fui la más sorprendida de mi reacción. No hablo de la de él, todos sabemos que quien insulta llega a pegar tarde que temprano y él ya lo hizo. Me refiero a mi reacción ya que solo me quejaba del dolor pero no me siento abatida.

Ya me convencí que a mí pocas cosas pueden llegar a quebrarme y cuando sucede algo desagradable procuro mantener la cabeza fría. Lo que seguía era la denuncia. No había más.

Después que lo hice público he recibido muchas muestras de apoyo, las cuales agradezco infinitamente.

Ahora sólo espero que las autoridades no hagan caso omiso. No quitaré el dedo del renglón ni me voy a quedar callada. ¿Temor? Sí, he de confesar que un poco. Cuando alguien llega a agredir físicamente no es de extrañar que vuelva a hacerlo, incluso de un modo mayor.

Aclaro que no busco venganza, sólo busco justicia. Soy una persona pacífica, quien me conoce lo sabe de sobra. Me siento fastidiada porque ahora tendré que andar en MP, juzgados y esas cosas y francamente no es algo a lo que esté acostumbrada ni que sea mi pasatiempo.

Finalizo diciendo que el señor, además de agredir física y verbalmente acostumbra a hackear mis cuentas de redes sociales, mails, etc., y que ese ha sido muchas veces el motivo por el cual ni escribir puedo.

Espero algún día poder vivir en paz. En este mundo revuelto, en este país que se cae a pedazos sólo pretendo ser una mujer más que defiende a su hija y que espera mantenerse lejos de escándalos.

Por supuesto que los mantendré informados de lo que ocurra y les pido un poco de paciencia. Estaré bien, lo prometo.



Los abrazo con cariño

viernes, 31 de octubre de 2014

Nuestro México. (Calaverita)




La parca salió corriendo,

cuando a México llegó,

vislumbrando a cada paso

que el país es un panteón.



Son 300, dice alguno,

que no sabe ni contar.

Aquí en México los muertos,

sobrepasan el millar.



En este gran cementerio

no importa de qué la gires.

Si eres rico, gordo o viejo,

con la calaca convives



Sin importar condición,

poco vale seas huevón

o una gran eminencia,

esa flaca sin sapiencia,

de todo agarra parejo.



Si quieres un buen consejo

y durar la eternidad

no tuitees la verdad,

ni marches ni te acongojes.



En México si tú escoges

vivir con honestidad,

dirán que mientes y mientes

y la Catrina sus dientes

seguro te va a pelar.



Ay qué dolor da señores

ver así a nuestro país

México de mis amores

está repleto de flores,

y no por ser un jardín.



Es ahora un camposanto,

tan solo basta excavar

Para muertos encontrar

Y descubrir la tragedia.



Dicen que hasta Rulfo huyó.

Se llevó a Juan Preciado,

a vivir en otro lado

pues de plano se asustó,

de ver a tanto difunto.



Ya mejor yo me despido.

Mucho ayuda el que no estorba;

sólo les mostré mi obra

sólo expuse mi sentir.



Ahora a sonreír,

que la muerte nos la pela,

que en esta bendita tierra



vale la pena vivir.

viernes, 17 de octubre de 2014

Que nunca llegue el ébola a México

No quiero imaginar cómo la pasaríamos si el ébola llega a México. Nuestro sistema de salud es tan precario y sumido en la burocracia, que lo más seguro es que si llega, no quede un solo sobreviviente.
Hace un mes aproximadamente mi madre se encuentra muy delicada de salud. A su edad y con todas las complicaciones médicas que tiene (diabetes, hipertensión, problemas cardiacos, entre otros) podríamos suponer que sería atendida de inmediato y con todas las precauciones que el caso amerita. Pero no es así.
La primera vez que ingresó a un hospital llevaba un infarto y aun así se tardaron para atenderla un buen rato.
Cuando finalmente la ingresaron consideraron que “no era demasiado grave”, que con un par de días en observación “estaría bien”. Por supuesto nada fue sencillo, su presión arterial no se estabiliza y con todo eso, en dos días (como predijeron) la dieron “de alta”. Eso sí: dijeron que estaba delicada y que debía hacer sus trámites para ser ingresada al Centro Médico La Raza, pero que debía hacerlo ella, desde afuera (como si pudiera caminar).
No tardó muchos días fuera del hospital cuando tuvo que ser ingresada de nuevo por diarrea y deshidratación. Cuando eso sucedió yo hablé con uno de los médicos y le dije que lo mejor sería que la detuvieran unos días, y que ya estando ingresada se hicieran todos los trámites para que se hospitalizara en La Raza y se le diera la atención que necesita. No fue así, permaneció sólo dos días y la volvieron a sacar.
Si les cuento toda esta historia es porque no quiero pensar que alguien, cualquier persona, ciudadano de a pie, se presentara ante una clínica del IMSS o a cualquier hospital público, presentando fiebre, deshidratación y ronchitas, porque seguro le dan un paracetamol y una crema para la piel y lo mandan de regreso a su casa, qué digo a su casa, derechito a su trabajo (hay que ser productivos) y el regadero del contagio estaría de miedo.
Seguro si en un momento dado sucediera algo así, cuando nos pusieran en cuarentena es porque hasta el perico ya se contagió.
Los médicos que atienden a los pacientes en el área de urgencias de estos hospitales, salvo que llegues con un puñal atravesado en el corazón (y eso quién sabe) te atienden con premura, de lo contrario te dejan las horas esperando en la sala y si contagias de ébola o de varicela al vecino ni modo.
Por mucho que digan las autoridades sanitarias que tienen todo listo para enfrentar una epidemia de ese tipo, yo tengo mis reservas. No creo que sea suficiente que se cuenten con planchas de esas que encapsulan a la gente y la mantienen aislada, ni creo que baste con una sala “especializada” en un hospital (¡un hospital, para los millones de mexicanos que somos!) para atender la contingencia. Nuestro sistema de salud pública tiene muchos bemoles. Si con enfermedades simples (o no tan simples, como la de mi madre) caer en una sala de urgencias de un nosocomio es una odisea, no sé qué pasaría con algo más grave.
Esperemos, pues, que nunca llegue. ¿No creen?

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