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Mi lucha contra la Usura es un proyecto informativo independiente que no cobra por servicio alguno y que fue creado para orientar a los deudores de la banca en México sobre cómo sobrellevar su problemática. Las notas aquí publicadas son responsabilidad total de su autora y no se pretende influir en las decisiones personales de nadie.

La Reforma Financiera

La Reforma Financiera
Cartón de Patricio Monero

martes, 11 de diciembre de 2012

La realidad de las microfinancieras y préstamos grupales como Compartamos Banco


El siguiente reportaje fue tomado de Sinembargo.mx y vale mucho la pena leerlo porque nos muestra cómo funciona Banco Compartamos y otras microfinancieras. Se transcribe sólo un fragmento dado el tamaño del texto y hasta abajo se pone el link para su lectura completa.


Sinembargo.mx



Las encontramos a cada paso, nos ofrecen dinero “fácil” y “casi sin garantías” con “pagos chiquitos”. Son las microfinancieras. Desde su nombre nos tientan: “Te Creemos”, “Presta simple”, “Don apoyo”, “Finamigo”, “Pro mujer”, “Con ser tu amigo” y “Fortaleza a mi futuro”, entre muchas otras. Las financieras apelan a nuestros valores: la amistad, la familia, la solidaridad y el apoyo; se instalan en zonas populares para ofrecer sus servicios de crédito y son muy activas en captar clientes pues saben que los pobres pueden ser muy buenos pagadores. Uno de los mecanismos de préstamo más común es el llamado banco comunal donde se forman grupos de mujeres para solicitar cada una un crédito individual, pero se asume responsabilidad por la deuda de todas en conjunto. Observo la experiencia de cerca. Me introduzco a un grupo de crédito de la financiera Compartamos y registro cómo funciona el modelo. El número varía pero pueden ser grupos de 12 mujeres o más. Sólo mujeres pues así es la mecánica. Con el dinero en la bolsa me explican: “Los hombres tienen otras tentaciones”. Cada una solicita un crédito personal que va de los tres a los 30 mil pesos a pagar en 16 semanas. Cada semana, según el día que determine el grupo, acudirán a la junta de recuperación y depositarán en efectivo y a la vista de todas, su paga. El grupo se ha formado entre amigas y vecinas, cada una tiene o quiere iniciar un pequeño negocio, venta de monederos, talleres de calzado o ropa, comida, un pequeño local de dulces; son actividades de subsistencia, donde cinco, 10 o 20 mil pesos sirven mucho. Llevan una libreta donde queda especificado cuánto hay que pagar cada semana, además de que antes hicieron un depósito por el 10 por ciento de lo solicitado. Sobre la tasa de interés no hay tanta claridad pues la cantidad es lo que les importa, me dice Patricia Jiménez y me da un ejemplo: “Pides treinta mil pesos y cada jueves, por 16 semanas, tienes que devolver dos mil 144 pesos”.
Lo más interesante del sistema es la autorregulación del grupo. La financiera se los ha dejado claro: aunque cada una pide un préstamo personal todas son corresponsables de las demás; si una deja de pagar las demás se hacen cargo, puede haber varios préstamos individuales pero para la financiera hay un solo pagaré, por una que incumpla todas deben y la “ficha” o cantidad total a depositar por semana no se puede hacer. Como nadie quiere asumir las cuentas ajenas o perder su buen historial crediticio, la presión sobre sus compañeras es despiadada. Al grupo de Nancy Flores, que vende ropa, le va bien porque señala: “Nadie entra sin recomendación y la que recomienda se responsabiliza, la junta es cada jueves a las 10 de la mañana en la casa que se haya señalado. Hay tolerancia de 15 minutos, a las 10:16 horas se cobran 50 o 100 pesos de multa, según diga el grupo. Si estás enferma, avisas y mandas a alguien con el dinero”. Cuando alguna no paga, el grupo entero va a su casa si es necesario a reclamar a la morosa, pues la “ficha” se tiene que depositar antes de las dos de la tarde. El cobro está sumamente aceitado, ni la financiera lo haría tan bien, pienso. Estoy con el grupo de mujeres el día que termina su ciclo de 16 semanas y las cumplidas pueden pedir un nuevo préstamo. En medio del barullo escucho cómo una señora pide 30 mil pesos, casi se hace un silencio total. Analizan el caso y surgen los comentarios de que no sería seguro pues esa persona llegó tarde a la junta en una ocasión. Así de duro es el criterio para evitar que alguien pida mucho, pues les han recordado que la deuda es de todas.

¿Y SACAREMOS PROVECHO DE ESTO?

¿Es útil el crédito para estas mujeres?, sin duda, con un préstamo de 18 mil pesos Leny Frías le dio un empujón a su taller de zapatos: “Compramos material, herramientas y metimos nuevos modelos”. María Martínez vende electrodomésticos de casa en casa y por cinco años ha solicitado préstamos para su negocio del cual vive. Carla Ramírez vende dulces, ahora pedirá la tercera parte de lo que solicitó el ciclo pasado pues sus ventas, me comenta, han bajado.

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